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Noé, el Diluvio y los 120 años

P:

“Estoy confundido acerca de algunos de los números que se encuentran en Génesis 5-7. ¿A qué se refieren exactamente los 120 años mencionados en Génesis 6:3? He escuchado a algunos decir que se refiere al límite de vida de una persona en la Tierra, pero eso no puede ser cierto porque las personas vivieron más de 120 años después del Diluvio. Tampoco entiendo cómo, como algunos han concluido, podría referirse a que solo quedaban 120 años antes de que Dios inundara la Tierra. Eso parece imposible porque Noé tenía más de 500 años cuando se enteró del Diluvio (Gén. 5:32-6:13), y el Diluvio ocurrió cuando él tenía 600 años (Gén. 7:6). Parece que los 120 años no hacen referencia al tiempo justo antes del Diluvio o los “120 años” deberían haber sido “100 años” (de lo contrario, el Diluvio habría ocurrido en el año 620 de Noé, no en el año 600). ¿Puedes ayudar a explicar este enigma?”

R:

Has concluido correctamente que la referencia de “120 años” en Génesis 6:3 no alude al límite de la vida de una persona en la Tierra. Varios individuos han vivido más de 120 años desde el Diluvio. Tan solo cinco capítulos después de la referencia de los “120 años”, aprendemos que después de que el hijo de Noé, Sem, engendrara a Arfaxad, “Sem vivióquinientos años” (11:11). Luego, cada patriarca que se menciona después de Arfaxad (durante aproximadamente los próximos 500 años) vivió más de 120 años (y en la mayoría de los casos mucho más de 120, Gén. 11:12-25). Abraham, Ismael, Isaac y Jacob vivieron más de 120 años (Gén. 25:7; 25:17; 35:28; 47:28). Incluso Aarón, el primer sumo sacerdote de Israel, que vivió aproximadamente 1000 años después del Diluvio, vivió hasta los 123 años (Núm. 33:39). Además, según la Enciclopedia de Genética, Jeanne Calment de Francia “falleció en 1998 a la edad de 122 años”1.

Además, versículos bíblicos inmediatos y remotos sugieren que los “120 años” se refieren a algo muy diferente al límite de la vida de una persona. La gente en la Tierra durante la vida de Noé antes del Diluvio era extremadamente impía. De hecho, “la maldad de los hombres era mucha en la tierra“, y “todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gén. 6:5). La Tierra se había vuelto tan depravada y llena de tanta violencia para cuando Noé tenía 500 años, que Dios decidió traer destrucción sobre la Tierra, algo nunca antes visto (6:13; 7:6). Sin embargo, debido a que Dios es perfecto en su paciencia y desea ver a los pecadores arrepentirse en lugar de perecer (ya sea en el Diluvio o en el infierno eterno, 2 Pe. 3:9; cf. Rom. 15:4-5; 1 Tim. 2:4), “esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé” (1 Pe. 3:20). Al igual que Dios esperó pacientemente durante cientos de años antes de traer juicio sobre los cananeos cada vez más malvados (ya que en el tiempo de Abraham su pecado aún “no ha[bía] llegado a su colmo“, Génesis 15:16), Dios esperó año tras año y década tras década “mientras se preparaba el arca” (1 Pe. 3:20).

Durante este período de espera, el “Espíritu” de Dios contendió con la humanidad, que amaba las obras de la carne, durante 120 años (Gén. 6:3; cf. Gál. 5:19-21). Observe que cuando Pedro escribió sobre Noé, sus contemporáneos desobedientes y la paciencia de Dios (1 Pe. 3:20), mencionó que “el Espíritu” de Cristo “fue y predicó a los espíritus encarcelados” (3:18-19).

  • ¿Cuándo exactamente hizo esto el Espíritu de Cristo? Durante el tiempo en que “esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé” (3:20).
  • ¿De qué manera el Espíritu de Dios llevó a cabo su obra? No se nos informa sobre todas las formas en las que trabajó durante los años previos al Diluvio, pero sabemos que Noé era “pregonero de justicia” (2 Pe. 2:5). Es posible que Lamec y Matusalén (padre y abuelo de Noé) también fueran predicadores piadosos a través de los cuales hablaba el Espíritu Santo de Dios.
  • ¿A quiénes habló el Espíritu? Pedro dice: “a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron” (3:19-20). ¿Cómo habló el Espíritu a los espíritus encarcelados? Dave Miller explicó: “En el momento en el que Pedro escribió esas palabras, es donde esas personas estaban situadas. Aquellos que se ahogaron en el Diluvio en los días de Noé descendieron al reino del Hades, donde continuaban viviendo en los días de Pedro. Este reino es el mismo lugar donde fue colocado el hombre rico (Luc. 16:23), así como los ángeles pecadores (“Tártaro” – 2 Pe. 2:4)”2.

Efectivamente, en los días de Noé el Espíritu de Cristo habló a las almas desobedientes (antes de que partieran de sus cuerpos en la muerte hacia el reino de Hades, es decir, “la prisión de espíritus”). Dado que Dios es paciente con la humanidad, “esperaba con paciencia” (1 Pe. 3:20, NVI). No llevó rápidamente el juicio sobre el mundo. Nuestro bondadoso Dios no dejó de darle a la humanidad un tiempo suficiente para arrepentirse. Sin embargo, la paciencia del Señor no es un sufrimiento eterno. No esperó para siempre. Como el Señor dijo en Génesis: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años” (Gén. 6:3). Parece bíblicamente coherente y perfectamente lógico concluir que este período de 120 años fue el tiempo que la raza humana en su conjunto tuvo para arrepentirse antes de que las aguas del Diluvio destruyeran la Tierra.

Sin embargo, para algunos, esta conclusión parece imposible. Después de todo, si, antes de que sepamos sobre el Diluvio venidero, Génesis 5:32 indica que Noé tenía 500 años cuando “engendró a Sem, Cam y Jafet”, y Génesis 7:6 especifica que el Diluvio ocurrió cuando Noé tenía 600 años, ¿entonces solo son posibles 100 años de tiempo, no 120, ¿verdad?

Como ocurre con todos los posibles problemas percibidos en la Palabra inspirada de Dios, la dificultad no radica en los escritores inspirados, sino en los intérpretes no inspirados. En realidad, no hay ninguna dificultad en absoluto si tenemos en cuenta el hecho de que ni el libro de Génesis ni la Biblia en su conjunto fueron escritos de manera estrictamente cronológica3. Por ejemplo, Génesis 2:5-25 no continúa exactamente donde termina Génesis 1. Además, Génesis 11 habla de un evento que ocurrió cuando algunas de las personas mencionadas en el capítulo anterior (Génesis 10) aún estaban vivas4. De manera similar, los 120 años de Génesis 6:3 podrían razonablemente remontarse al momento en el que Noé tenía 480 años, no 500. El hecho de que el lector de la Biblia se entere de que Noé tenía 500 años cuando comenzó a tener hijos (Gén. 5:32)5 no significa que Dios no pudiera haber comenzado a comunicarse en un momento anterior acerca de su juicio inminente sobre el mundo.

Finalmente, observe que Génesis 5:32 sirve como conclusión de la genealogía desde Adán hasta Noé. Como ocurre con otros pasajes bíblicos en los que una o más genealogías preceden la mención de ciertos eventos que en realidad ocurrieron durante o antes de la vida de algunas de las personas mencionadas anteriormente en las genealogías[6], algunos de los eventos en Génesis 6:1-9 (incluida la advertencia expresa de Dios en 6:3) tuvieron lugar antes de que Noé realmente comenzara a tener hijos a los 500 años de edad.

Tomado de: Noah, the Flood, and 120 Years https://apologeticspress.org/noah-the-flood-and-120-years-5374/

Referencias

1 “Genetics of Ageing” (2001), Encyclopedia of Genetics, ed. Eric C.R. Reeve (New York: Routledge), p. 582, énfasis añadido.

2 Dave Miller (2002), “Did Jesus Go to Hell? Did He Preach to Spirits in Prison?” Apologetics Press, https://apologeticspress.org/APContent.aspx?category=10&article=851&topic=71.

3 Vea Eric Lyons (2005), “Alleged Chronological Contradictions,” Reason & Revelation, 25[10]:73-79, October, https://apologeticspress.org/APContent.aspx?category=6&article=1582.

4 Ibid.

5 Génesis 11:10, 7:6 y 8:13 parecen indicar que Sem no fue el primogénito de Noé, sino que nació dos años después. Si es así, el número 500 representa el año en el que Noé comenzó a tener hijos. Una comparación de Génesis 11:26, Hechos 7:4, Génesis 11:32 y 12:4 sugiere que Abraham tampoco fue el hijo primogénito en su familia. Es probable que Sem, Abraham, Arfaxad (Gén. 11:10; 10:22) y otros sean mencionados en primer lugar por la misma razón, porque son ancestros mesiánicos, no necesariamente porque fueran los hijos primogénitos de sus padres. Curiosamente, numerosos otros ancestros mesiánicos, como Set, Isaac, Jacob, Judá y Pérez, tampoco fueron hijos primogénitos. Por si alguien acusa a Moisés de deshonestidad al registrar estas genealogías, debemos recordar que “el año en que se engendra al primer hijo, conocido en el Antiguo Testamento como ‘el principio de la fuerza’, era un año importante en la vida del israelita (Gén. 49:3; Deut. 21:17; Sal. 78:51; y Sal. 105:36). Es este año… y no el año de nacimiento del vínculo mesiánico, lo que se indica en cada caso en Génesis 11” [John C. Whitcomb y Henry M. Morris (1961), The Genesis Flood (Grand Rapids, MI: Baker), p. 480.].

6 Observe 1 Crónicas 1-11, donde se enumeran personas (por ejemplo, los hijos y nietos de Zorobabel, 3:19 y siguientes) que probablemente ni siquiera habían nacido en el momento de los eventos registrados en 2 Crónicas. Consulte también Esdras 1-5. Observe también Génesis 10-11.


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