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¿Juan el Bautista conocía a Jesús o no?

Al comienzo del ministerio de Jesús, Juan el Bautista hizo una de las declaraciones más hermosas y poderosas de todas las Sagradas Escrituras acerca de Jesús de Nazaret: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Sin embargo, después de esta gloriosa y redentora afirmación, Juan hace dos afirmaciones que han sido problemáticas para algunos. Él dijo acerca de Jesús:

Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo (1:31-33).

Algunos se preguntan cómo Juan podía no haber conocido a Jesús, si (1) era pariente del Mesías (Luc. 1:36, 57-60), y (2) intentó disuadir a Jesús de que lo bautizara, diciendo: “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” (Mat. 3:14). ¿Por qué Juan diría esto si no supiera quién era Jesús? Además, ¿por qué envió discípulos más adelante en su ministerio para preguntarle a Jesús: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” (Mat. 11:3, énfasis añadido)? ¿Juan el Bautista conocía a Jesús o no?

En primer lugar, el hecho de que las madres de Jesús y Juan (María y Elisabet) fueran parientes (Luc. 1:36; ver Lyons, 2008) no necesariamente significa que Juan haya conocido a Jesús antes de bautizarlo. Yo tengo primos hermanos que no recuerdo haber conocido, aunque he escuchado a mis padres hablar de ellos durante muchos años. El simple parentesco no implica necesariamente que las personas “se conozcan”. Además, cuando Juan “crecía, y se fortalecía en espíritu” y “estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel” (Luc. 1:80, énfasis añadido). Por lo tanto, es posible que Juan nunca haya conocido a Jesús antes de su bautismo. Sin embargo, esto no significa que no supiera varias cosas sobre Jesús.

Juan claramente sabía algo sobre Jesús, de lo contrario no habría dudado acerca de bautizarlo. El “no conocer” a Jesús entonces, probablemente tiene mucho más que ver con no conocerlo “oficialmente, como el Mesías” (Vincent, 1997), que cualquier otra cosa. Juan parecía creer que Jesús ya era el Mesías, pero, como J.W. McGarvey señaló, “él no lo conocía” (s.f., p. 107).

Su lenguaje hacia la gente muestra esto (Juan 1:26). Muchas personas debían conocer a Jesús, pero ninguna de ellas lo conocía como el Mesías. Además, cuando Juan negó conocer a Jesús como el Mesías, no debemos interpretar que desconocía la historia pasada de Jesús. Sin duda, él tenía conocimiento general de quién era Jesús, pero como precursor oficial y anunciador de Jesús, y como testigo enviado por el cielo (Juan 1:6,7), era necesario que Juan recibiera, mediante una revelación personal de Dios, como se afirma aquí, un conocimiento indudable y absoluto de que Jesús era el Mesías. Sin esto, Juan no habría estado verdaderamente calificado como testigo. Que Jesús es el Hijo de Dios no debe basarse en pruebas de oídas. Juan guardó silencio hasta que pudiera testificar basado en su propio conocimiento (McGarvey, s.f., 107, énfasis añadido).

A pesar de que al comienzo del ministerio de Jesús se le declaró “oficialmente” a Juan que Él era “el Hijo de Dios” (Juan 1:34), muchos se preguntan por qué (mucho más tarde) Juan envió discípulos a preguntarle a Jesús: “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” (Mat. 11:3). ¿Por qué Juan haría esta pregunta si ya sabía que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios? ¿No es esto contradictorio como afirman los escépticos (cf. McKinsey, 2000, p. 73)?

Al suponer que la pregunta de Juan a Jesús más adelante en su ministerio (Mat. 11:3) es de alguna manera una discrepancia, los escépticos asumen injustificadamente dos cosas. En primer lugar, asumen que todas las preguntas se hacen para obtener conocimiento. Pero eso simplemente no es así (ver Lyons, 2009). Las preguntas pueden hacerse por diversas razones. Pueden hacerse para despertar la conciencia adormecida de alguien (por ejemplo, “¿Lo hiciste?”). Pueden hacerse para llamar la atención sobre algo (por ejemplo, “¿Qué llevas puesto?”). Pueden hacerse en beneficio de otros (por ejemplo, “¿Cuál es la respuesta correcta a este problema?”). Etc. De hecho, no podemos saber con certeza por qué Juan envió discípulos a preguntarle esto a Jesús, pero hay posibles explicaciones legítimas que exoneran a Juan y a los escritores bíblicos.

Los escépticos también asumen que la fe de Juan nunca titubeó. No reconocen (o no aceptan) que, al igual que otros hombres de fe, como Moisés, Gedeón, Pedro, etc., quienes ocasionalmente dudaron, Juan podría haber hecho esta pregunta a Jesús por un instante de incredulidad. McGarvey nos recordó apropiadamente que la “vida salvaje y libre de Juan estaba ahora limitada por la tediosa monotonía del encarcelamiento… Además, él no tenía comunión con la vida privada de Jesús y no entraba en el santuario de los pensamientos de su Señor. También debemos recordar que su inspiración desapareció con el ministerio, por el cual se le concedió, y solo fue el hombre Juan, y no el profeta, quien hizo la pregunta” (p. 279, cursiva en el original). Juan también pudo haberse preguntado por qué, si Jesús era un hacedor de todo tipo de milagros, él seguía en prisión. ¿No podía Jesús rescatar a su precursor? ¿No podía salvarlo de la espada de Herodes? La respuesta de Jesús a Juan: “Y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí” (Mat. 11:6). Juan (o los discípulos de Juan) quizás necesitaban que se les recordara que mantuvieran el rumbo, aunque no comprendieran todas las razones por las cuales sucedían las cosas de la manera en que lo hacían (cf. Job 13:15). Ya sea teniendo un “aguijón en la carne” (2 Cor. 12:7) o sufriendo un encarcelamiento angustioso, la gracia de Dios es suficiente. Su “poder se perfecciona en la debilidad” (2 Cor. 12:9). Incluso cuando, sí, especialmente cuando estamos sufriendo, Jesús les recuerda a sus siervos: “Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí“.

¿Conocía Juan el Bautista a Jesús? Sin duda alguna. Las afirmaciones de Juan que algunos consideran contradictorias simplemente han sido malinterpretadas. Juan llegó a conocer oficialmente a Jesús como el Hijo de Dios cuando lo bautizó. Juan proclamó este mensaje aprobado por el cielo a lo largo de su ministerio. Aunque la fe de Juan en el que había de venir pudo haber titubeado momentáneamente durante su encarcelamiento, tal interrogación por parte del profeta de ninguna manera es evidencia de discrepancia. Recuerde: los escritores bíblicos redactaron un libro impecable, inspirado (2 Tim. 3:16-17; 2 Pe. 1:20-21; cf. Juan 10:35), que incluye breves relatos de muchos hombres fieles, pero imperfectos. Aunque “entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista” (Mat. 11:11), ni siquiera él fue perfecto.

REFERENCIAS

Lyons, Eric (2008), “How Were Mary and Elizabeth Related?” Apologetics Press, https://www.apologeticspress.org/APContent.aspx?category=23&article=2532.

Lyons, Eric (2009), “Does God Really Know Everything?” Apologetics Press, https://www.apologeticspress.org/AllegedDiscrepancies.aspx?article=787.

McGarvey, J.W. (n.d.), The Fourfold Gospel (Cincinnati, OH: Standard).

McKinsey, Dennis (2000), Biblical Errancy (Amherst, NY: Prometheus).

Vincent, Marvin R. (1997), Word Studies in the New Testament (Electronic Database: Biblesoft).

Tomado de: Did John the Baptizer Know Jesus or Not? https://apologeticspress.org/did-john-the-baptizer-know-jesus-or-not-1599/ a través de @apopress


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