Menu

¿Es contradictorio el mensaje de la Biblia sobre el dinero?

PREGUNTA:

Me encuentro confundido/a acerca de la enseñanza bíblica sobre el dinero. Parece contradictoria (y los escépticos ciertamente lo piensan así). Por un lado, en Proverbios 21:20 aprendemos que “tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio“, pero “el hombre insensato todo lo disipa“. En el Salmo 112:1,3 se indica que “el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran maneraBienes y riquezas hay en su casa“. Sin embargo, Jesús una vez instruyó a un hombre rico, diciéndole: “anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme” (Mar. 10:21). Jesús también dijo: “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mar. 10:25). Asimismo, es famosa la enseñanza de Jesús en el Sermón del Monte: “No os hagáis tesoros en la tierra” (Mat. 6:19.). ¿Cómo pueden ser consistentes entre sí todos estos versículos bíblicos sobre el dinero? ¿Debemos regalar todo lo que poseemos, o podemos ahorrar algo de dinero (es decir, “guardar tesoros en la tierra”)? ¿Es aceptable adquirir y poseer riquezas o no?

RESPUESTA:

El mensaje de la Biblia sobre cualquier asunto relacionado con el dinero es completamente coherente, a pesar de lo que argumenten los escépticos1. Lamentablemente, la mayoría del mundo (y tal vez muchos dentro de la iglesia) desconocen (1) el mensaje crucial de la Biblia sobre las cosas materiales y la gestión que la humanidad debe hacer de ellas, así como (2) la magnífica armonía con la que Jesús y los escritores bíblicos abordaron estos asuntos.

Propiedad

La Biblia no enseña que simplemente poseer dinero, una casa, un negocio o un medio de transporte (ya sea un camello o un automóvil) sea inherentemente malo. Job era innegablemente un hombre fiel y justo delante de Dios (Job 1:1,8; 2:3; Eze. 14:14,20; Stg. 5:10-11). También era muy rico. “Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel varón más grande que todos los orientales” (Job 1:3). Además, después de las duras pruebas que Job enfrentó, el Señor le dio al patriarca el “doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job 42:10). De hecho, “bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas” (Job 42:12).

Quizás nadie en las Escrituras está tan asociado con la “fe” como el patriarca Abraham. Aunque no era perfecto, Abraham fue un siervo obediente del Señor (Heb. 11:8-19; Stg. 2:19-24). Y Abraham “era riquísimo en ganado, en plata y en oro” (Gén. 13:2). Sus “posesiones”2 eran “muchas” (Gén. 13:6). También tenía cientos de siervos (Gén. 14:14; 15:2; 22:5).

Una casa (así como la tierra en la que está ubicada) es la compra más costosa que la persona promedio hará en su vida3. Los precios de las propiedades varían mucho en todo el mundo. Según el popular sitio web de viviendas Zillow.com, el valor típico de una casa en Estados Unidos es de más de $350,0004 o $2,485 por metro cuadrado5. En el Reino Unido, las propiedades son el doble de caras6. En Corea del Sur, el precio promedio de una propiedad (por metro cuadrado) es de casi $13,0007. Aunque es bastante costoso en muchos países del mundo, no es intrínsecamente pecaminoso comprar (o alquilar) y habitar una propiedad.

El Nuevo Testamento revela que el justo Zacarías (Luc. 1:6), el padre de Juan el bautista, tenía “su propia casa” (Luc. 1:23, 40). Pedro tenía una casa en Capernaúm (Luc. 4:38). El centurión romano que demostró una “gran fe” poseía su propia casa (Mat. 8:5-13; Luc. 7:1-10). María, Marta y Lázaro tenían una casa en Betania, que Jesús visitaba (Luc. 11:38; Juan 11:20,31). Aquila y Priscila eran siervos fieles del Señor que tenían “su casa” en (aparentemente) Éfeso, donde los cristianos se congregaban (1 Cor. 16:19; cf. Hch. 18:2,18-20), así como también tenían un hogar en Roma (Rom. 16:5)8. Ninfas era una cristiana en Laodicea que abría “su casa” a la iglesia (Col. 4:15). Y Filemón, quien era “amado amigo y colaborador” de Pablo, tenía una casa en la cual la iglesia local se reunía (Filemón 1-2). De hecho, la casa de Filemón era lo suficientemente grande como para tener una “habitación de huéspedes”, que Pablo esperaba utilizar en el futuro (File. 22). Parece claro que la iglesia primitiva “dependía de la hospitalidad de prominentes miembros de la iglesia que proveían sus propias casas” para reunirse y adorar9. También está claro que ahorrar dinero para pagar un alquiler o una hipoteca no es inherentemente pecaminoso.

La propiedad no es el problema. Trabajar y recibir un salario no es algo impío. Al contrario, “el deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar” (Pro. 21:25). Recordemos que Jesús condenó al siervo perezoso en la Parábola de los Talentos en Mateo 25. Pablo enseñó: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2 Tes. 3:10). Además, “si alguno no provee para los suyosha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Tim. 5:8).

Recibir y poseer dinero por nuestros esfuerzos diligentes no equivale al pecado del materialismo. Obtener cierta medida de riqueza (ya sea un dólar o un millón de dólares) no es inherentemente malo. El problema radica en qué tipo de administradores somos de todo lo que Dios nos permite recibir y utilizar durante los pocos años que estemos en la Tierra. ¿Cuáles son nuestras motivaciones cuando se trata de adquirir, ahorrar y utilizar cualquier dinero, propiedad y riqueza que recibamos? ¿Tenemos un pecaminoso “amor al dinero” (1 Tim. 6:10)? ¿Pensamos ingenuamente que las cosas materiales nos traerán verdadera y duradera alegría (Ecle. 5:10)? ¿Qué dicen nuestras acciones relacionadas con las cosas materiales sobre nuestro amor, compromiso y pasión (o la falta de ellos) por Dios, la vida eterna, la iglesia del Señor y los perdidos?

¿Somos culpables del pecado de la avaricia (Luc. 11:39)? ¿Sentimos envidia de lo que otros tienen? ¿Estamos obsesionados con pensamientos y posesiones materiales (Luc. 12:13-21)? ¿Nos preocupamos por cosas físicas (Mat. 6:25-34)? En pocas palabras, ¿pensamos en las cosas materiales y las manejamos correctamente o incorrectamente desde un punto de vista justo?

Dios es dueño de todo

De la nada, el Dios eterno y omnipotente creó todo. Intencionalmente “hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay” (Éxo. 20:11). “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1:16). “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). Una visión bíblica de las cosas materiales comienza con (y no se puede entender sin) comprender primero que Dios creó el universo y todo lo que hay en él de la nada y, por lo tanto, lógicamente, es dueño de todo.

Dios preguntó retóricamente al patriarca Job: “¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya?” (Job 41:11). “He aquí, de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos, la tierra, y todas las cosas que hay en ella” (Deut. 10:14). “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan” (Sal. 24:1). El rico rey David alababa a Dios diciendo: “Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1 Cró. 29:14).

El codicioso, arrogante y rico granjero en la parábola de Jesús en Lucas 12 estaba equivocado en todos los aspectos cuando se trataba de su actitud y acciones hacia la riqueza. En primer lugar, no reconoció a Dios como el verdadero dueño de todo lo que poseía. En lugar de eso, este hombre rico hablaba de “mis frutos”, “mis graneros” y “mis bienes”. Su vida se resumía en la actitud egoísta de “yo, yo mismo y yo”. En segundo lugar, no agradeció a Dios por las posesiones materiales que tenía a su cargo. ¿Acaso este hombre rico hizo que “la heredad produjera mucho” (Lucas 12:16)? ¿Creó las semillas para poner en la tierra, la lluvia que riega las semillas y el suelo, o la luz solar que las plantas necesitan para crecer? ¿Creó la Ley de la Biogénesis, que asegura que las semillas se reproduzcan y lo hagan según su especie? ¿Creó su propia energía y fuerza para trabajar en el campo (o supervisar el trabajo hecho por otros; cf. Deut. 8:17-19)? Tanto una actitud como una expresión de agradecimiento estaban notablemente ausentes en la vida de esta persona adinerada. En tercer lugar, este hombre rico no estaba interesado en hacer cosas buenas por los demás con su gran riqueza (cf. Mat. 22:39; 25:31-46). Quería acumular riquezas para poder vivir despreocupadamente y “comer, beber y regocijarse… para muchos años” (Luc. 12:19). Sus objetivos, afectos y acciones eran terrenales por naturaleza. Él representa la personificación de acumular tesoros en la tierra en lugar de acumularlos en el cielo (Mat. 6:19-20).

Los seres humanos son simplemente administradores de las posesiones de Dios.

Cuando los escritores bíblicos se refieren a las personas como “dueñas” de algo (por ejemplo, teniendo “tu casa”), el concepto se entiende en un sentido limitado y adaptativo. Después de todo, Dios creó la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. Él creó el oro, la plata, el bronce, el cobre y cualquier otro metal precioso en el universo. Él hizo las plantas y los árboles de los cuales se fabrica el papel moneda. Puedes estar seguro de que cualquier otra cosa material que creemos “poseer” fue creada por Dios y todavía le pertenece.

Mucho antes de que naciéramos, todas las cosas materiales eran de Dios. Mucho después de que nos hayamos ido (si este mundo aún existe), todas las cosas materiales seguirán siendo suyas. Durante el breve período de tiempo que estamos aquí, estamos usando las cosas que Él nos ha dado. Se nos ha encomendado la tarea seria de gestionar los materiales del Creador.

Al igual que los siervos en la Parábola de los Talentos, se nos ha confiado el dinero de Dios10 y se espera que lo administremos de manera que agrade al Señor (Mat. 25:14-30). Ya sea que una persona tenga mucho o poco dinero ($500,000, $50,000 o $500; cf. Mat. 25:15), Dios requiere una buena administración. Ya sea que seas el “dueño” de una gran empresa que emplea a mil personas o seas una de esas mil personas que recibe un ingreso modesto, Dios espera y merece una buena administración de sus cosas. Sin embargo, ni ser empleador ni empleado es inherentemente bueno o malo.

La buena administración siempre ha implicado devolver a Dios lo que le corresponde.

En primer lugar y, ante todo, la buena administración siempre ha implicado dar. Antes de cualquier otra cosa que pensemos o hagamos, nuestra primera reacción (y no la segunda, tercera… o última) debe ser dar con alegría un porcentaje generoso de nuestros ingresos y bendiciones materiales de vuelta a Dios. Los buenos administradores no son avaros codiciosos que se preocupan y se obsesionan con las cosas materiales, sino que son trabajadores esforzados, alegres, sabios y generosos (Hch. 20:35; 2 Cor. 9:7).

Dar, y dar “de los primeros frutos” o “de lo primero”, ha sido un principio eterno e inmutable de Dios. Es lo que siempre ha esperado de su creación. Remontándonos hasta Génesis 4, el hijo de Adán y Eva, Abel, “trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda” (Gén. 4:4). Esta ofrenda fue un “regalo” aceptable y fiel de parte de Abel a Dios (Heb. 11:4).

El patriarca Job “ofrecía holocaustostodos los días” (Job 1:5). Abraham dio el diezmo de sus bienes a Melquisedec, “el sacerdote del Dios Altísimo” (Génesis 14:18-20; cf. Hebreos 7:1-4). También encontramos que el nieto de Abraham, Jacob, hizo un voto a Dios, diciendo: “Y de todo lo que me des, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:22).

Bajo la Ley de Moisés, los primeros frutos eran los primeros granos, frutas y verduras recolectados que los israelitas dedicaban a Dios en reconocimiento de su fidelidad al proveer las necesidades de la vida. Los israelitas ofrecían a Dios una gavilla (un gran manojo) de los primeros granos que se cosechaban al día siguiente del sábado después de la fiesta de la Pascua (Lev. 23:9-14). Dios ordenó a los israelitas, diciendo: “Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios” (Éxo. 23:19). El sabio escribió: “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos” (Pro. 3:9).

Se esperaba que los israelitas fueran administradores generosos de todo lo que Dios les había dado. Moisés escribió: “Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año” (Deut. 14:22). Además, en lugar de hacer “cada uno lo que bien le parece“, Dios instruyó a los israelitas a “llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová” (Deut. 12:8, 11). También se les instruyó “no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás” (Lev. 19:10-11). De hecho, además de las primicias y los diezmos, había una serie de sacrificios, ofrendas y dones generosos (por ejemplo, Deut. 16:10) que los fieles israelitas realizaban a lo largo del año.

Dado el énfasis que se da a los asuntos de la administración en el Antiguo Testamento, no debería sorprender a los estudiantes de la Biblia la prominencia de este tema en el Nuevo Testamento11. Aunque bajo la Ley de Cristo no se establece un porcentaje específico, el principio predominante para dar y administrar en general es que los creyentes, salvados por la gracia de Dios y destinados al cielo, deben considerar las cosas materiales desde una perspectiva eterna y celestial. Si nuestro propósito en la vida es (1) amar a Dios y (2) amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mat. 22:36-40), entonces esos valores y prioridades deben reflejarse en todas las áreas de la vida, incluyendo nuestro manejo del dinero y de las posesiones materiales. Si “buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mat. 6:33), si nuestros sueños y pasiones se centran en Cristo, su iglesia, los perdidos y la vida eterna (Luc. 19:10; Fil. 1:19-24; Col. 3:1-4), entonces nuestras metas espirituales deben reflejarse en nuestra administración de las cosas físicas.

Si hay algo que se interponga en seguir a Jesús, entonces debemos deshacernos de ello (cf. Mat. 5:27-30): para el adúltero, es el adulterio; para el homosexual, es la homosexualidad; para el borracho, es el alcohol; para el joven rico del relato de Marcos 10, eran sus posesiones materiales a las cuales estaba apegado de manera poco saludable. El Creador del Universo y Salvador de la humanidad pudo ver que las posesiones materiales de este joven estaban interfiriendo en su búsqueda celestial. Jesús le dijo exactamente lo que necesitaba escuchar, en verdad, lo más amoroso que pudo decirle a este hombre aparentemente codicioso: que lo diera todo y lo siguiera (Mar. 10:21). ¿Qué mejor remedio para una fijación poco saludable en las cosas materiales que darlo todo? Sin embargo, en lugar de reaccionar con la disposición y la emoción de Pedro el pescador y Mateo el recaudador de impuestos, quienes eligieron seguir a Jesús sin importar el costo (Mat. 4:18-20; 9:9; Mar. 10:28), el joven rico se fue triste al escuchar lo que Jesús dijo “porque tenía muchas posesiones” (Mar. 10:22).

Lamentablemente, muchas personas, y aparentemente especialmente la mayoría de las personas ricas, tienen el mismo apego poco saludable a las cosas materiales como lo tenía el joven rico en tiempos de Jesús, de ahí la declaración de Jesús: “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mar. 10:25). Pablo instruyó a Timoteo, “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo” (1 Tim. 6:17). En verdad, una obsesión mental, emocional y física por el dinero y las cosas materiales es una receta para la destrucción espiritual. Parece no haber mejor remedio para esta forma pecaminosa de pensar y vivir que llevar a cabo una “cirugía drástica” (cf. Mat. 5:29-30), es decir, desprenderse de todo, comenzar de nuevo desde cero y permitir que Dios sea nuestra guía en cada paso del camino.

¿Es incompatible la administración piadosa y el ahorro de dinero?

¿Cómo puede ser consistente la enseñanza de la Biblia sobre la bendición de Dios a las personas con posesiones materiales (por ejemplo, Sal. 112:1-3; Pro. 21:20) con el mandamiento de “poner la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3:2, KJV)? ¿Cómo puede ser aceptable apartar dinero para posibles días o años futuros en la tierra si Jesús dijo: “No os hagáis tesoros en la tierra” (Mat. 6:19)? ¿Cómo no son contradictorios entre sí estos versículos, así como la práctica de muchos cristianos?

Primero, más que cualquier otra persona que haya vivido, Jesús era consciente del gran peligro que representaba el materialismo para la humanidad, tanto ahora como a lo largo de la historia. ¿Qué porcentaje de la población mundial está “excesivamente preocupado o obsesionado con posesiones materiales en lugar de… cosas espirituales” (es decir, materialistas)?12 ¿Cuántas personas luchan con el “deseo excesivo de obtener más de algo (como dinero) de lo necesario” (es decir, la codicia)?13 ¿Cuántos administradores infieles de cosas materiales sufrirán el mismo destino que el administrador de un solo talento en Mateo 25 y serán trágicamente “echados a las tinieblas de afuera”, donde “habrá llanto y crujir de dientes” (Mateo 25:24-30)? Sea cual sea la respuesta sobre adquirir y ahorrar dinero y posesiones materiales, nunca debemos subestimar la tentación del “deseo de los ojos” (1 Jn. 2:16; Mat. 4:8-9).

Segundo, la declaración de Jesús en Mateo 6:19 debe interpretarse a la luz del contexto inmediato y remoto de las Escrituras. Los 18 versículos anteriores se dirigían en gran medida a las motivaciones de las diversas acciones. En Mateo 6:1-4, Jesús nos instruyó a no realizar obras de caridad “como los hipócritas” (para ser vistos por los hombres). En 6:5-8, Jesús nos dijo que no oremos “como los hipócritas” (para ser escuchados por los hombres). En 6:16-18, Jesús nos enseñó a no ayunar “como los hipócritas” (para ser vistos por los hombres). Y, en Mateo 7:1-5, Jesús nos enseñaba que juzgar a otro está mal cuando ese juicio es hipócrita.

Pero, ¿qué pasa si realizamos obras de caridad para ser vistos por Dios? Entonces, sin duda alguna, “hagamos bien a todos” (Gál. 6:10). ¿Y si nuestras oraciones son dirigidas desde un corazón puro y con intenciones justas? ¿Deberíamos orar? Sin duda alguna (cf. 1 Tes. 5:17). ¿Podemos ayunar hoy si el propósito de nuestro ayuno es ser visto por Dios y no por los hombres? Claro que sí. Y ¿qué pasa con el juzgar a los demás? Después de condenar los juicios injustos (7:1-4), Jesús instruyó a una persona: “saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (7:5). En esencia, estaba diciendo: “Arregla tu vida primero. Luego, con amor, aborda el problema de tu hermano”. Estaba diciendo que, cuando juzgamos, juzguemos con justicia (como cuando oramos, ayunamos y hacemos buenas obras, hagámoslo sin hipocresía — Juan 7:24).

Y ¿qué pasa con “acumular tesoros”? Al igual que con todas estas otras cosas que Jesús discutió, depende de tus intenciones, motivaciones y prioridades. ¿Dónde está su “corazón” en lo que estás haciendo? ¿Dios o el dinero es su señor (Mat. 6:24)? “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (6:21). Jesús ilustró inmediatamente la importancia de cómo “miramos” la vida. “Situ ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas” (6:22-23). Si miramos nuestra vida en la tierra con una perspectiva divina y celestial, entonces tendremos una perspectiva divina sobre el dinero. No nos preocuparemos por el dinero ni por las cosas que el dinero puede ayudarnos a obtener (6:25-34), sino que estaremos en paz al “buscar primero el reino de Dios y su justicia” y confiar en Él para que “todas estas cosas os sean añadidas” (6:33). Sí, Dios “dará cosas buenas a los que le pidan” (7:11)14. Algunas (o muchas) de esas cosas buenas incluyen una medida de dinero que se nos encomienda administrar con una perspectiva celestial.

Ahorrar para el domingo

Pero, ¿cómo se ve prácticamente una mentalidad de administración adecuada y celestial? ¿Puede incluir ahorrar algo? Absolutamente. Al menos debería ser así. Un trabajador “merece su salario” (1 Tim. 5:18; cf. Col. 3:23). Con esos ingresos, debemos alegrarnos primero en “apartar algo, guardándolo” para el primer día de la semana, para poder dar cuando se realice la colecta en nuestra congregación local (1 Cor. 16:1-2; cf. Hch. 2:42; 2 Cor. 9:5). Es posible que una persona reciba su pago los lunes. Por lo tanto, el dinero se “ahorra” durante seis días antes de contribuirlo a la iglesia.

Ahorrar para dones especiales

A veces debemos ahorrar para regalos especiales, como cuando ahorrarnos dinero para apoyar una obra misionera o ayudar en un esfuerzo de socorro en caso de desastre. Lucas relata cómo había “muchas” mujeres que eran seguidoras de Jesús “y que contribuían… de sus propios bienes” (Luc. 8:3) para la obra de Jesús y los apóstoles. Estas mujeres tenían medios o “bienes” que compartían continuamente con los discípulos. ¿Estaba mal que estas mujeres poseyeran algo? ¿Tenían que renunciar a todas las posesiones que tenían de una vez y nunca adquirir ni ahorrar nada más? ¿O tenían la libertad de conservar algunas cosas y comprar y vender constantemente con el propósito principal de apoyar el ministerio de Jesús? Seguramente, al hacer la pregunta, hemos respondido.

Cuando los primeros cristianos en Antioquía se enteraron de una hambruna inminente, “los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea” (Hch. 11:29). Estos cristianos de buen corazón y generosos dieron ya sea de lo que habían ahorrado o comenzaron a guardar ahorros de sus ingresos actuales. Obviamente, ahorrar dinero para darlo es algo maravilloso de hacer. De hecho, Pablo escribió en Efesios 4:28: “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad“. ¿Cuál es nuestra primera y principal motivación para trabajar? Dar. Después de todo, Jesús enseñó: “Es más bienaventurado dar que recibir” (Hch. 20:35).

Ahorrar para pagar impuestos

Muchos ciudadanos de los Estados Unidos trabajan aproximadamente una tercera parte de cada año para el gobierno. Es decir, dependiendo de los ingresos, el número de dependientes, las deducciones fiscales, etc., a muchos trabajadores estadounidenses se les puede exigir por parte del gobierno, con la amenaza de multas y prisión, pagar más de 100 días de sueldo a los gobiernos locales, estatales y federales cada año. Pagamos impuestos sobre la renta, impuestos sobre las ventas, impuestos a la propiedad, etc. Muchos estadounidenses entregan al gobierno más dinero cada año que lo que gastan en comida, ropa y vivienda combinados15.

¿Es una acción aprobada por Dios y sabia ahorrar dinero con el propósito de poder pagar impuestos requeridos por el gobierno? Absolutamente. Cuando le preguntaron si era “lícito pagar impuesto al César o no”, Jesús enseñó: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mat. 22:17, 21). A los cristianos que vivían en el corazón del Imperio Romano, Pablo enseñó: “Sométase toda persona a las autoridades superioresPagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Rom. 13:1, 7).

Puede ser que estés acostumbrado a que el gobierno deduzca automáticamente los impuestos sobre la renta de tu salario, pero en muchos trabajos (por ejemplo, los trabajadores por cuenta propia) en Estados Unidos y en otros lugares, no se realiza una retención automática de impuestos de los salarios. En esos casos, se espera que las personas ahorren continuamente una parte considerable de sus ingresos (quizás decenas de miles de dólares o más) con el único propósito de pagar impuestos.

Ahorrar para la familia

Ya sea viviendo bajo la Ley de Moisés o bajo la Ley de Cristo, se espera, sí, se manda a los hijos obedientes (de todas las edades) que honren a sus padres (Éxo. 20:12; Efe. 6:2). Ese honor y respeto no son solo palabras vacías. Por el contrario, podría implicar ayudarles financieramente (quizás debido a problemas de salud o simplemente por la vejez). En una ocasión, Jesús reprendió enérgicamente a los fariseos hipócritas porque una de sus muchas leyes y tradiciones crueles e inventadas interfirieron con su obediencia al Quinto Mandamiento y con la ayuda a sus padres que tenían necesidades financieras (Mar. 7:1-23).

Pablo enseñó claramente en 1 Timoteo 5 que antes de que las personas necesitadas (por ejemplo, viudas necesitadas) busquen ayuda de su iglesia local, deberían recibir ayuda financiera (y de otra manera) de los miembros que son sus familiares, si los tienen (5:16). Los “hijos o nietos” de las viudas deberían “aprendan estos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Diossi alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Tim. 5:4, 8).

Para hijos e hijas cristianos honestos y trabajadores, podría ser apropiado ahorrar dinero o apartar algunas posesiones con la intención de utilizar esa riqueza para ayudar y honrar a sus padres en su vejez.

De manera inversa, puede ser apropiado que los padres ahorren una parte de su dinero, posesiones y propiedades con el propósito de transmitirlo a sus hijos. Según Proverbios 13:22, “El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos“. Tal vez en algunos países donde la propiedad es muy cara, los padres dejan a sus hijos una casa en la que vivir (una casa que de otra manera los hijos no podrían permitirse). Tal vez los padres dejan a sus hijos tierras de cultivo para que sus hijos y nietos puedan trabajar y proveer para sus familias, así como posiblemente generar empleos para las personas de la comunidad.

Los padres pueden tener la motivación correcta de dejar algo para la educación de sus hijos o nietos. En muchos países, la educación primaria y secundaria pública gratuita no existe16. ¿Podría ser un acto de amor y que honra a Dios que un abuelo ahorre una parte de su salario cada semana con el propósito de ayudar algún día a pagar a un maestro para enseñar a sus nietos a leer y escribir? (Según el Instituto de Estadísticas, hay 773 millones de adultos analfabetos en el mundo17. Qué bendición sería para estas almas aprender a leer la Biblia, así como muchos otros libros y artículos enriquecedores para el alma y educativos).

¿Y si una abuela ahorra suficiente dinero para enviar a uno o más de sus nietos a una escuela de predicadores, a una escuela de medicina o a la universidad para que aprendan a ser maestros escolares? Tal vez algún día esos nietos regresen para ayudar a las personas física, mental, emocional y especialmente en lo espiritual en sus comunidades locales (haciendo que los ahorros y los regalos de sus abuelos sean una bendición exponencial), potencialmente atendiendo las necesidades de cientos o miles de personas.

Ahorrar para una casa

Muchas personas pueden tener “mucho más casa” de la que necesitan y mucho más de lo que el Señor pueda estar complacido. (¿Las casas ostentosas realmente honran a Dios? Algunos cristianos pueden necesitar reducir el tamaño de su casa y utilizar las ganancias de una o más formas que honren a Dios). Los buenos administradores evaluarán cuidadosamente el porcentaje de sus ingresos que ahorran para vivienda. Como mencionamos antes, proporcionar un refugio adecuado y un lugar para vivir para la familia (así como para los invitados)18 puede ser una forma honorable de utilizar parte de los recursos que Dios nos ha confiado.

Desde el punto de vista práctico, el alquiler y la compra de viviendas a menudo son bastante costosos. Dado que el sabio inspirado escribió: “El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta” (Pro. 22:7), podría ser apropiado para una familia ahorrar miles o incluso decenas de miles de dólares con el tiempo antes de comprar algún tipo de propiedad, lo que podría “liberar” muchos miles de dólares ahorrados en intereses que podrían ser utilizados para promover la obra del Señor. En esencia, ahorrar más dinero y pedir prestado menos dinero (en casas, automóviles, educación, etc.) podría ser una excelente manera de hacer más bien para el Señor a largo plazo.

Si un administrador fiel toma prestado dinero para diversas compras necesarias, la Biblia es clara en que esos fondos deben ser devueltos. “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas” (Ecle. 5:5). “El impío toma prestado, y no paga” (Sal. 37:21). “Pagad a todos lo que debéisNo debáis a nadie nada” (Rom. 13:7-8).

Ahorrar para algunos placeres físicos

Dios podría haber creado un mundo físico en el que existieran pocas o ninguna de las satisfacciones físicas. Sin embargo, Él creó un Universo hermoso (cf. Ecle. 3:11; 11:7), que testifica de Su “poder eterno” y grandeza (Rom. 1:20). Incluso después del Diluvio global de Dios, en el cual “el mundo de entonces pereció anegado en agua” (2 Pe. 3:6), Dios todavía nos dejó un mundo hermoso para admirar y estudiar, no para adorar, sino para apreciar como un regalo de Dios. El salmista escribió: “Grandes son las obras del Señor, buscadas por todos los que se deleitan en ellas” (Sal. 111:2, LBLA).

¿Es incorrecto ahorrar algo de dinero para disfrutar ocasionalmente de una hermosa playa, una majestuosa montaña o un río caudaloso?19 ¿Es inapropiado ahorrar y gastar algo de dinero para ver cebras en el zoológico o jabalíes salvajes (y entre otras cosas, recordar a nuestros hijos a su Creador)? Incluso cuando Pablo advirtió seriamente sobre los peligros del materialismo y el amor al dinero, al mandar a Timoteo: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas“, incluso entonces, el apóstol mencionó que “Diosnos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Tim. 6:17).

Cuando nuestro Señor es el Creador (y no el dinero) y cuando “buscamos primero el reino de Dios y Su justicia” (Mat. 6:33), entonces estamos acumulando tesoros en el cielo y no en la tierra (Mat. 6:19-21). El sabio de Eclesiastés aprendió que, desde una perspectiva puramente terrenal, todo es vacío y sin sentido (1:2,9). Sin embargo, una vez que la perspectiva y las prioridades de una persona están alineadas con el cielo, “bueno es comer y beber y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del solesto es don de Dios” (Ecle. 5:18-19)20.

Cuando tenemos una perspectiva celestial sobre las cosas terrenales y nuestras prioridades están alineadas con el Príncipe de Paz, ciertamente parece que Dios ha dado autorización a Sus administradores para disfrutar algunos de los frutos de su trabajo. Disfrute de estos frutos como regalos de Dios. Disfrútelos como “un anticipo de la gloria divina”21. Disfrútelos de manera responsable, con moderación y autocontrol (Gál. 5:23; 2 Pe. 1:6; 1 Cor. 9:27). Disfrútelos y compártalos con otros (cf. Mat. 22:39; Luc. 10:25-37).

El ahorro en general

Como es evidente en un tratamiento equilibrado de las Escrituras, ahorrar y tener cierta medida de riqueza no es inherentemente pecaminoso. Dios siempre ha esperado que las personas (1) trabajen duro y (2) utilicen su ingreso sabiamente (Pro. 6:6-11; 14:23; 20:4). En general, así como los hijos que obedecen y honran a sus padres generalmente son bendecidos con una vida larga (Éxo. 20:12; Efe. 6:1-3)22, las personas honestas, sabias y trabajadoras serán las más propensas a recibir mayores ingresos23. “Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza” (Pro. 21:5). “La mano negligente empobrece; mas la mano de los diligentes enriquece” (Pro. 10:4).

Muchos podrían no considerarse “ricos”, pero si tenemos agua limpia para beber, comida en nuestros estómagos, ropa en nuestros cuerpos y un techo sobre nuestras cabezas, estamos bastante bien. Aun así, muchos de nosotros tenemos más, mucho más (cf. Luc. 12:48; Mat. 25:15). ¿Qué hacemos con “más”? El escritor de Proverbios instruyó a su hijo: “Honra a Jehová con tus bienes” (Pro. 3:9). Implícitamente en esta afirmación está que el hijo tendría posesiones (y, por lo tanto, poseer varias cosas no es inherentemente pecaminoso). Más importante aún, cualquier posesión que tengamos (ya sea una casa, un vehículo, una computadora, una cuenta de ahorros o 1,000 acres de tierra) debe ser utilizada con motivos que honren a Dios y de manera sabia, honrando a Dios.

Conclusión

¿Podemos “buscar las cosas de arriba” (Col. 3:1), mientras poseemos una casa de más de $100,000? Si los cristianos fieles del primer siglo podían poseer y utilizar propiedades, entonces seguramente nosotros también podemos (pero nuevamente, debemos evaluar nuestras circunstancias). ¿Estamos siendo imprudentes, avaros y materialistas con nuestros lugares de residencia, o los estamos usando para la gloria de Dios de manera sabia y amorosa, como lo hacían los primeros cristianos fieles?

¿Podemos obedecer a Jesús y “no acumular tesoros en la tierra” (Mat. 6:19) mientras tenemos una o más cuentas de ahorro? Ciertamente parece que sí. Sin embargo, es fundamental que hagamos exactamente lo que Jesús enseñaba en el Sermón del Monte y evaluemos nuestras motivaciones y acciones. Dios conoce nuestros corazones. Él ve nuestras buenas obras o la falta de ellas. Él sabe qué tipo de administradores somos de Sus cosas. Él sabe si estamos “ahogados por las preocupaciones, las riquezas24 y los placeres de la vida, y no llevamos fruto hasta la madurez”, o si somos “la buena tierra” que “lleva fruto con paciencia” (Luc. 8:14-15; cf. Juan 15:1-8). ¿Somos como el rico granjero infiel de Lucas 12 o como el fiel Abraham que, aunque era muy rico, tenía su mirada puesta en el cielo, “porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb. 11:10)?

Tomado de: Is the Bible’s Message About Money Contradictory? https://apologeticspress.org/is-the-bibles-message-about-money-contradictory/ a través de https://apologeticspress.org

Referencias

1 Steve Wells (2013), The Skeptic’s Annotated Bible (SAB Books), pp. 1617,1618; Vea también Dennis McKinsey (1995), The Encyclopedia of Biblical Errancy (Amherst, NY: Prometheus), pp. 282-285,419-421.

2 Liz Knueven (2019), “The 7 Most Expensive Things You’ll Ever Pay For, According to Financial Planners,” Insider, August 15, https://www.businessinsider.com/personal-finance/most-expensive-things-americans-will-pay-for-2019-8.

3 https://www.zillow.com/home-values/102001/united-states/. According to the insurance comparison site, The Zebra, “The average home price in the U.S.” in 2022 was “$348,079” (https://www.thezebra.com/resources/home/average-home-price-in-us-2022/).

4 “Global Cost of Property” (2022), Compare the Market, https://www.comparethemarket.com.au/home-contents-insurance/features/global-cost-of-property/.

5 Ibid.

6 Ibid.

7 Es posible que hayan poseído estas cosas en diferentes momentos.

8 Marvin R. Vincent (1997), Word Studies in the New Testament (Electronic Database: Biblesoft), Romans 16:5.

9 Entre otras cosas (por ejemplo, posesiones, propiedades, tiempo, habilidades, nuestros cuerpos, etc.).

10 Según V.P. Black, “La Biblia habla más sobre el dinero que sobre la fe, el arrepentimiento, la confesión, el bautismo, la organización de la iglesia y los requisitos de ancianos y diáconos combinados” [V.P. Black (1968), Lord Teach Us How to Give (Belmont, MS: KeMa Publishers), p. 51]. Además, “Hay 89 capítulos en Mateo, Marcos, Lucas y Juan combinados, y el tema de dar se discute 123 veces en estos cuatro libros” [V.P. Black (1968), Rust as a Witness (Chickasaw, AL), p. 15].

11 “Materialistic” (2023), Merriam-Webster, https://www.merriam-webster.com/dictionary/materialistic.

12 “Greed” (2023), Merriam-Webster, https://www.merriam-webster.com/dictionary/greed.

13 Para obtener un artículo completo sobre lo que la Biblia enseña acerca de las oraciones aceptables, puedes consultar el artículo de Kyle Butt (2010), “Defending the Bible’s Position on Prayer” (Defendiendo la posición de la Biblia sobre la oración), Reason & Revelation, mayo, 30[5]:33-36,37-39, en el siguiente enlace: https://apologeticspress.org/defending-the-bibles-position-on-prayer-3483/.

14 Frederick Danker (2000), Greek-English Lexicon of the New Testament (Chicago, IL: University of Chicago Press), p. 1029.

15 Scott Greenberg (no date), Tax Foundation, https://taxfoundation.org/tax-freedom-day-2016-april-24/.

16 Grace Lu (2019), “Education as a Human Right,” One Track International, July 24, https://onetrackinternational.org/education-as-a-human-right/.

17 “Literacy” (2023), Institute for Statistics, https://uis.unesco.org/en/topic/literacy.

18 ¡Utilicemos nuestras casas para la hospitalidad!

19 Por ejemplo, el río Colorado que atraviesa el Gran Cañón.

20 Cf. Eclesiastés 3:12,13; 8:15; 9:7.

21 ¡Oh, cuánto mejor será el cielo!

22 Los niños que no se involucran en las drogas, el alcohol, la fornicación y toda clase de vida pecaminosa y desenfrenada, que sus padres prohíben (para su propio bien), en general serán niños que llegarán a la edad adulta y (si continúan escuchando y obedeciendo el sabio consejo del Señor) “vivirán mucho tiempo en la Tierra” (Efe. 6:3).

23 Otra vez, hablando en términos generales.

24 “el engaño de las riquezas”, Marcos 4:19.


Published

A copied sheet of paper

REPRODUCTION & DISCLAIMERS: We are happy to grant permission for this article to be reproduced in part or in its entirety, as long as our stipulations are observed.

Reproduction Stipulations→