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El Intervalo entre la Muerte y la Resurrección de Cristo

Se han planteado preguntas por parte de los escépticos sobre la confiabilidad de la Biblia basadas en los informes de los escritores de los Evangelios con respecto al intervalo de tiempo que transcurrió entre la crucifixión y la resurrección de Jesús. Como siempre ocurre con esas supuestas discrepancias, un estudio más profundo y una exégesis honesta disipan la acusación. La Biblia se refiere a este intervalo de cuatro formas:

1. “al tercer día” (Mat. 16:21; 17:23; Hch. 10:40; 1 Cor. 15:4).

2. “en tres días” (Mat. 26:61; Juan 2:19).

3. “después de tres días” (Mat. 27:63; Mar. 8:31).

4. “tres días y tres noches” (Mat. 12:40).

A primera vista, estas cuatro representaciones ciertamente parecen ser inconsistentes, si no contradictorias. De hecho, para la mente hispanohablante, estas cuatro frases transmiten cuatro significados diferentes. Sin embargo, al investigar más a fondo, descubrimos que son expresiones intercambiables en el Nuevo Testamento. La evidencia de la antigüedad y de la Biblia es concluyente: “tres días y tres noches”, en la expresión oriental, era una alusión idiomática a cualquier porción del período. Este hecho está comprobado y es innegable basado en al menos tres fuentes: (1) análisis histórico y académico del lenguaje idiomático antiguo; (2) uso bíblico en todo el Antiguo Testamento; y (3) armonización dentro de los mismos textos de la pasión.

EL USO HISTÓRICO

En primer lugar, una amplia variedad de fuentes académicas verifica el uso de este lenguaje idiomático en la antigüedad. Constituía una forma de expresión laxa para referirse a dos días y parte de un tercero. A.T. Robertson se refirió a este uso como “la conocida costumbre de los judíos de contar una parte de un día como un día completo de veinticuatro horas”1. Del mismo modo, en su monumental obra “Figures of Speech Used in the Bible“, E.W. Bullinger explica que “la expresión ‘tres días y tres noches’ es un lenguaje idiomático que abarca cualquier parte de tres días y tres noches”2. El muy respetado hebrista del siglo XVII, John Lightfoot, publicó un comentario sobre el Nuevo Testamento, incorporando su vasto conocimiento del uso del hebreo y arameo, incluyendo el Talmud y la Mishná judíos. En ese comentario, relata el uso común de la frase “tres días y tres noches” entre los gemaristas, el Talmud babilónico y el Talmud de Jerusalén, concluyendo: “Así que, según este lenguaje idiomático, esa pequeña parte del tercer día, en la que Cristo resucitó, puede ser considerada como el día completo y la noche que le sigue”3. La lista de confirmaciones académicas podría alargarse indefinidamente.

EL USO BÍBLICO

Segundo, la Biblia utiliza la misma expresión idiomática a lo largo del Antiguo Testamento y continúa en el Nuevo. Por ejemplo, en el relato de los tratos de José con sus hermanos, Moisés escribió: “Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días. Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid: Yo temo a Dios” (Gén. 42:17-18). José puso a sus hermanos en la cárcel por “tres días” (v. 17) y luego los liberó “al tercer día” (v. 18). Las dos expresiones se consideraron equivalentes.

En su persecución de los amalecitas, David y sus hombres encontraron a un egipcio en el campo, al que alimentaron con comida y bebida:

Le dieron también un pedazo de masa de higos secos y dos racimos de pasas. Y luego que comió, volvió en él su espíritu; porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres noches. Y le dijo David: ¿De quién eres tú, y de dónde eres? Y respondió el joven egipcio: Yo soy siervo de un amalecita, y me dejó mi amo hoy hace tres días, porque estaba yo enfermo (1 Sam. 30:12-13).

El escritor inspirado afirma inequívocamente que el egipcio no había tomado alimento durante “tres días y tres noches“, que el egipcio mismo definió como “tres días” al explicar su situación.

En la ocasión en que Jeroboam regresó del exilio en Egipto y lideró a los israelitas en un enfrentamiento rebelde contra el rey legítimo Roboam, se nos informa:

Enviaron a llamarle. Vino, pues, Jeroboam, y toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos. Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue (1 Re. 12:3-5).

Roboam luego consultó con los ancianos de la nación, rechazando prontamente su consejo, y luego consultó con los hombres jóvenes de su propia generación que habían crecido con él. Luego el texto dice: “Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam, según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer día” (1 Re. 12:12). Para que no tengamos problemas para comprender que “de aquí a tres días” y “al tercer día” son expresiones equivalentes, el escritor inspirado lo afirma explícitamente al igualarlos y luego añadir “según el rey lo había mandado“. El relato paralelo en 2 Crónicas completa el uso idiomático al decir: “Y él les dijo: Volved a mí de aquí a (עד) tres días” (10:5). Esta última alusión no es a -como pensaría un occidental- el cuarto día, sino a un punto en el tiempo “en” el tercer día (versículo 12-בַּיּ֣וֹם). Por lo tanto, “de aquí a tres días” es igual a “en el tercer día”.

Otro ejemplo se encuentra en el libro de Ester. Después de haber sido elevado a una posición destacada ante los ojos del rey Jerjes, Mardoqueo instó a su prima Ester a que utilizara su influencia para salvar a los judíos en todo el Imperio Persa de la aniquilación por parte de Hamán. Esta fue su respuesta:

Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca. Entonces Mardoqueo fue, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester. Aconteció que al tercer día se vistió Ester su vestido real, y entró en el patio interior de la casa del rey, enfrente del aposento del rey; y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento (Est. 4:16-5:1).

Ester no cambió de opinión con respecto a cuándo se acercaría al rey. Más bien, hizo exactamente lo que le dijo a Mardoqueo que haría. Por lo tanto, “en tres días, noche y día” es precisamente el mismo período de tiempo que “al tercer día“.

Vemos el mismo uso idiomático en el Nuevo Testamento. Un ejemplo es el relato inspirado de los eventos que llevaron a la conversión de los primeros gentiles en Hechos 10. Varios indicadores temporales ilustran el principio:

  • a la hora novena del día” (v. 3).
  • al día siguiente” (“cerca de la hora sexta”) (v. 9).
  • al día siguiente” (v. 23).
  • al otro día” (v. 24).
  • Hace cuatro días” (“a la hora novena”) (v. 30).

Si contamos la cantidad de tiempo transcurrido entre la aparición del ángel a Cornelio (versículo 3) y la llegada de Pedro a la casa de Cornelio (versículo 24), encontramos que son exactamente tres días, es decir, tres períodos de 24 horas. Sin embargo, en el cálculo judío, el período incluía tres noches y parte de un cuarto día. Por lo tanto, Pedro describe el intervalo como “hace cuatro días” (versículo 30). Consulte la tabla a continuación.

Nos vemos obligados a concluir que la frase “tres días y tres noches” no debe tomarse literalmente. Se usaba figurativamente en la antigüedad. ¿Por qué tomar una expresión de las cuatro que se utilizan, interpretarla literalmente (es decir, 72 horas) y luego darle precedencia sobre todos los demás pasajes? Jesús estuvo en la tumba “un día completo y una noche (24 horas) y las partes de dos noches (36 horas en total), lo que satisface tanto el uso idiomático como la historia”4. El lector en español no debe imponer su propio método de cálculo sobre un antiguo método alternativo de calcular el tiempo.

Otro ejemplo de este mismo uso idiomático en el Nuevo Testamento se ve en la estancia de Pablo en Éfeso. El texto dice:

Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús (Hch. 19:8-10).

Pablo afirma claramente que permaneció en Éfeso durante dos años y tres meses. Algún tiempo después, en su prisa por llegar a Jerusalén a tiempo para Pentecostés, llegó a la localidad costera de Mileto desde donde envió un mensaje a los ancianos de la iglesia en Éfeso para que vinieran a reunirse con él. Entre las palabras conmovedoras que les entregó en esa ocasión, se encontraban estas palabras: “Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hch. 20:31). Una vez más, es evidente que la mentalidad semítica consideraba que cualquier parte de un día o un año podía contarse como un día o un año completo.

EL USO JUDÍO

En tercer lugar, es evidentemente claro a partir de los relatos de la muerte y resurrección de Cristo que este uso idiomático era bien reconocido y utilizado por los judíos en ese tiempo. Específicamente, los principales sacerdotes y los fariseos confirmaron el uso del idioma cuando buscaron una audiencia con el procurador romano Pilato:

Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero (Mat. 27:62-64).

Los líderes judíos no insistieron en que la tumba de Jesús fuera asegurada durante tres días de 24 horas. Para la mente occidental, la frase “después de tres días” indica la necesidad de mantener una guardia hasta que llegue el cuarto día. Pero no para la mente oriental. Las frases “después de tres días” y “hasta el tercer día” eran, para ellos, expresiones equivalentes.

La evidencia tanto de la antigüedad como de la Biblia es decisiva: “Tres días y tres noches” era una expresión idiomática. Esta verdad se mantiene como un hecho probado de la historia. Bullinger tenía razón cuando afirmó enfáticamente: “Puede parecer absurdo para los gentiles y los occidentales usar las palabras de esa manera, pero eso no altera el hecho5.

Tomado de: The Interval Between Christ’s Death https://apologeticspress.org/the-interval-between-christs-death-and-resurrection-5977/

Referencias

1 A.T. Robertson (1922), A Harmony of the Gospels (New York: Harper and Row), p. 290.

2 Bullinger, p. 845, énfasis añadido.

3 John Lightfoot (1823), Horae Hebraicae et Talmudicae or Hebrew and Talmudical Exercitations upon the Gospels of St. Matthew and St. Mark (London: J.F. Dove), 11:202.

4 Bullinger, p. 847

5 p. 846, énfasis añadido.


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