El David histórico en inscripciones antiguas
David es una de las figuras más significativas de la Biblia. Ascendió al poder desde la obscuridad, sobreviviendo a repetidos intentos contra su vida y posteriormente forjando un reino prominente en el Levante. Sus aventuras han inspirado adaptaciones televisivas y películas. Sus salmos han alentado y confortado a millones de creyentes durante miles de años. Sus fracasos morales han servido como relatos de advertencia, advirtiendo a los lectores sobre las desastrosas consecuencias de ceder a la tentación.
Los cristianos pueden escuchar afirmaciones de que David no es más real que el legendario Rey Arturo. Al igual que con muchas otras personas bíblicas, el rey ha sido objeto de ataques por parte de aquellos que quisieran relegarlo al ámbito de la leyenda, si no a la ficción. Críticos conocidos como “minimalistas bíblicos” cuestionan el valor histórico de la Biblia, desestimando generalmente todas las afirmaciones hechas por el texto a menos que puedan ser corroboradas por evidencia física indiscutible. Para ellos, David y su hijo Salomón no eran más que un par de jefes tribales menores que ocupaban una pequeña parte de la zona montañosa. Dos monumentos famosos ofrecen evidencia que refuta los intentos populares de negar la historicidad de David y su reino.
El primer artefacto es la Estela de Mesa. Este monumento de victoria de basalto negro conmemora la exitosa rebelión de Moab contra el reino del norte, Israel, alrededor del 850 a.C. Descubierta en Dibon, Jordania, en 1868, la Estela de Mesa registra los logros del rey moabita Mesa. Este monarca estableció su ciudad capital en Dibon, afirmó su independencia del reino del norte de Israel tras la muerte de Acab, derrotó al ejército israelita y capturó o reclamó varias ciudades bajo control israelita. La inscripción incluye varios detalles que se alinean con el relato bíblico en 2 Reyes 3, así como numerosas referencias a figuras bíblicas, incluyendo a Omri, la tribu de Gad y el nombre del Dios del pacto, Yahweh1.
La Estela de Mesa se refiere a la “casa de dwd“, que los eruditos han interpretado como la “Casa de David”. El renombrado epigrafista André Lemaire (entre otros) lee la inscripción de esta manera2. La frase es una referencia al reino del sur, Judá (“casa” significa “dinastía”) y, por lo tanto, identifica a David como el fundador de la dinastía gobernante en ese momento. Aunque la referencia parece clara, los minimalistas bíblicos han propuesto interpretaciones alternativas. Una sugerencia es que el término podría referirse a un “templo de Dwd“3 aún no descubierto, mientras que otra plantea que la palabra dwd se refiere a una deidad desconocida llamada Dod4. Otros afirman que la frase se refiere a un pueblo5 o ciudad-estado6. Estas sugerencias no tienen evidencia que las respalde, y la mayoría de los miembros de la comunidad académica las han desestimado7.
El minimalista bíblico Philip Davies argumentó que el término dwd podría traducirse como “amado”, “tío” o “tetera”, llamando a estas sugerencias más “plausibles” que traducir el término como el nombre David8. La gran mayoría de los eruditos desacuerda rotundamente con la extraña sugerencia de Davies. El fallecido Anson Rainey, una figura destacada en el campo académico de la epigrafía antigua (el estudio de inscripciones antiguas), afirmó que Davies era un “aficionado” en esta área que podía “ser ignorado con confianza”9.
La segunda mención significativa del David histórico se encuentra en la inscripción de Tel Dan, que fue descubierta en 1993 durante las excavaciones en la ciudad bíblica de Dan. La topógrafa Gila Cook, trabajando bajo el renombrado arqueólogo israelí Avraham Biran, descubrió el primer fragmento de la inscripción por casualidad. Ella lo notó en un fragmento de piedra de un monumento destrozado en la antigüedad y reutilizado como material de construcción para una pared fuera de la puerta de la ciudad. Los esfuerzos por localizar fragmentos adicionales descubrieron dos piezas más en el verano de 1994.
La inscripción de Tel Dan es uno de los descubrimientos más significativos en la historia de la arqueología bíblica. Parece haber sido redactada por Hazael de Aram-Damasco (842-796 a.C.), aunque su nombre no aparece en la inscripción10. Parte del texto está dañado, pero la porción más significativa puede reconstruirse como: “Yo maté a Joram hijo de Acab rey de Israel, y [yo] maté Ahaz yahu hijo de Joram, rey de la Casa de David”. Esta interpretación se ajusta a la cronología bíblica, aunque la Biblia dice que Jehú fue responsable de la muerte de los dos monarcas (2 Re. 9:14-28). Dado que los reyes antiguos tendían a exagerar o incluso a hacer propaganda de sus logros, Hazael probablemente intentó atribuirse el mérito por las muertes de Joram y Ocozías. André Lemaire señala que al menos un rey asirio hizo algo muy similar, reclamando el crédito por matar a alguien cuando otra fuente atribuía el hecho a un grupo de nobles asirios11. Este es solo uno de varios ejemplos conocidos por los académicos12. Hazael no fue ni el primero ni el último político en atribuirse el mérito del trabajo de otra persona.
En un momento en que los escépticos en la academia habían realizado ataques significativos a la historicidad de las figuras bíblicas, la inscripción de Tel Dan ayudó a establecer la existencia de David como un hecho histórico. Es lo suficientemente significativo que incluso el arqueólogo israelí Israel Finkelstein, quien generalmente muestra un considerable escepticismo hacia la fiabilidad de la Biblia, escribiría: “La mención de la ‘Casa de David’ en la inscripción de Tel Dan del siglo IX a.C. no deja duda de que David y Salomón fueron figuras históricas”13. En otros lugares, dice: “La inscripción de Tel Dan proporciona un testigo independiente de la existencia histórica de una dinastía fundada por un gobernante llamado David, a solo unas pocas generaciones después de la era en la que presumiblemente vivió”14.
La “Casa de X” (con “X” representando el nombre del fundador de una dinastía) era una forma común de referirse a los reinos semíticos en el temprano primer milenio a.C. En ejemplos contemporáneos, los registros asirios se referían al Reino del Norte como la “Casa de Omri” durante más de un siglo, cuando la dinastía omrida estaba en el poder en Israel. Ejemplos adicionales de la misma práctica aparecen en la antigua Aram y Babilonia15. Otros ejemplos incluyen el reino del norte sirio de Arpad (la “Casa de Agusi”) y el reino de Damasco (la “Casa de Hazael”16). Las inscripciones de Mesa y Tel Dan siguen la práctica estándar en sus referencias al reino del sur y la dinastía davídica.
Los intentos de interpretar la “Casa de David” como algo diferente del reino del monarca bíblico van en contra del claro significado de las inscripciones y esencialmente funcionan como argumentos de silencio. No hay templo de Dwd, no hay deidad llamada Dod, y no hay centro urbano identificado como “Beth-Dwd” conocido por los académicos. Estas sugerencias son intentos defectuosos de evitar las obvias implicaciones del nombre, respecto a que un rey auténtico llamado David gobernó un pequeño pero importante reino en el Levante y que la dinastía que fundó continuó gobernando en Judá durante muchos años después de su muerte.
Las personas antiguas estaban en una posición mucho mejor para comentar sobre la existencia del David histórico que los académicos contemporáneos. Las inscripciones que mencionan la “Casa de David” fueron talladas cuando la dinastía davídica aún gobernaba en Judá. Los autores modernos están separados de ese tiempo por dos mil quinientos años y solo tienen evidencia limitada. Además, los críticos más ruidosos exhiben prejuicios fácilmente detectables contra el texto bíblico. Aunque las referencias a la dinastía de David no mencionan eventos específicos de su vida, sí indican que los antiguos lo veían como una figura histórica.
Los académicos no hacen ningún intento por descubrir los lugares de nacimiento de Uther o Merlin. No buscan Avalon ni intentan determinar dónde Arturo celebraba su corte en Camelot. Los excavadores no entretienen la idea de encontrar los restos de la Mesa Redonda o la piedra que sostenía la legendaria Excalibur. Todas estas cosas son material de fantasía. En contraste, los arqueólogos pueden identificar la ciudad de nacimiento de David, excavar la ciudad donde gobernó y leer su nombre en inscripciones antiguas. A diferencia del rey legendario de los britanos, los académicos han demostrado de manera convincente que David fue un hombre de la historia. Argumentar lo contrario dice menos sobre el rey israelita y más sobre los prejuicios del crítico moderno.
Tomado de: https://apologeticspress.org/the-historical-david-in-ancient-inscriptions/
1 K.A.D. Smelik, trans. (2000), “The Inscription of King Mesha”, in The Context of Scripture, ed. William W. Hallo and K. Lawson Younger (Leiden: Brill), pp. 137-138.
2 Vea André Lemaire (1994), “‘House of David’ Restored in Moabite Inscription”, Biblical Archaeology Review, 20:30-37.
3 Thomas L. Thompson (2004), The Mythic Past: Biblical Archaeology and the Myth of Israel (New York: Basic Books), p. 204. Vea también Thompson (1995), “‘House of David’: An Eponymic Reference to Yahweh as Godfather”, Scandinavian Journal of the Old Testament, 9:74.
4 Vea Kenneth A. Kitchen (1997), “A Possible Mention of David in the Late Tenth Century BCE, and Deity *Dod as Dead as the Dodo?” Journal for the Study of the Old Testament, 76:29-44.
5 Philip R. Davies (1994), “‘House of David’ Built on Sand: The Sins of the Biblical Maximizers”, Biblical Archaeology Review, 20[4]:54-55.
6 F.H. Cryer (1994), “On the Recently Discovered ‘House of David’ Inscription”, Scandinavian Journal of the Old Testament,8[1]:3-19.
7 Vea James K. Hoffmeier (1995), “Current Issues in Archaeology; The Recently Discovered Tell Dan Inscription: Controversy & Confirmation”, Archaeology in the Biblical World, 3:14, Verano.
8 Davies, 20[4]:54-55.
9 Anson F. Rainey (1994), “The ‘House of David’ and the House of the Deconstructionists”, Biblical Archaeology Review, 20[6]:47.
10 Alan Millard, trans. (2000), “The Tel Dan Stele”, in The Context of Scripture, ed. William W. Hallo and K. Lawson Younger (Leiden: Brill), pp. 161-162.
11 André Lemaire (1998), “The Tel Dan Stela as a Piece of Royal Historiography”, Journal for the Study of the Old Testament, 81:10.
12 Kenneth A. Kitchen (2003), On the Reliability of the Old Testament (Grand Rapids, MI: Eerdmans), p. 510, n.77.
13 Israel Finkelstein (2007), “King Solomon’s Golden Age: History or Myth?”, in The Quest for the Historical Israel, ed. Brian B. Schmidt (Leiden: Brill), pp. 114-115.
14 Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman (2006), David and Solomon: In Search of the Bible’s Sacred Kings and the Roots of the Western Tradition (New York: Free Press), p. 266.
15 Gary A. Rendsburg (1995), “On the Writing bytdwd in the Aramaic Inscription from Tel Dan”, Israel Exploration Journal, 45[1]:22-25.
16 Nadav Na’aman (1995), “Beth-David in the Aramaic Stela from Tel Dan”, Biblische Notizen, 79:17-24.
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