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¿Cómo podrían ambas declaraciones ser verdaderas?

Ambas declaraciones, “ganamos el partido” y “perdimos el partido”, al parecer son completamente contradictorias. A simple vista suenan exactamente opuestas. ¿Cómo podrían ambas afirmaciones ser verdaderas? Si una persona habla del mismo partido, ¿cómo podría un equipo haber ganado y perdido el partido al mismo tiempo?

Admito que hay ocasiones en las que estas afirmaciones son pronunciadas por alguien que simplemente está mintiendo. Sin embargo, hay situaciones en las que dos afirmaciones contrastantes pueden ser genuinamente verdaderas, como cuando se hacen en diferentes contextos.

Considere, por ejemplo, escuchar a alguien hablar del partido de fútbol americano universitario entre Missouri y Colorado en 1990. Con solo unos 30 segundos restantes en el partido y Missouri ganando 31-27, Colorado tenía el balón en primera y gol a tres yardas de la zona de anotación de Missouri. Colorado eligió lanzar el balón al suelo en primera oportunidad para detener el reloj. En un segundo intento corrieron con el balón, pero no lograron anotar. Corrieron nuevamente en un tercer intento. Y, para detener el reloj, lanzaron el balón al suelo en un cuarto intento con solo dos segundos restantes. Luego corrieron con el balón en el denominado “quinto intento” y anotaron. El partido había terminado en ese momento. Según los árbitros, Colorado había ganado el partido 33-31. Pero ¿realmente “ganaron”?

Como cualquier aficionado al fútbol sabe, un equipo solo tiene cuatro intentos para lograr un primer down (o anotar un touchdown si están dentro de las 10 yardas). En el fútbol americano, no existe un “quinto intento”. Los árbitros olvidaron contar uno de los intentos. Por consiguiente, la única razón por la que Colorado “ganó” el partido fue porque se les otorgó un intento adicional en los últimos tres segundos.

Imaginemos escuchar a un jugador de fútbol americano de la Universidad de Missouri del equipo de 1990 hablar sobre su partido contra Colorado. Podría hablar sobre su derrota a manos de Colorado ese año. Sin embargo, también podría decirle a la gente que “en realidad, Missouri ganó el partido”. ¿Cómo podría hacer ambas declaraciones y seguir diciendo la verdad? Aunque técnicamente los árbitros le dieron la victoria a Colorado, todos sabían que en realidad era Missouri quien había ganado el partido. Así que, en cierto sentido, Missouri “perdió” y en otro sentido “ganó”.

¿Qué tiene que ver todo esto con la Biblia? Hay momentos en las Escrituras donde se hacen declaraciones diferentes que, en principio, parecen contradictorias. Sin embargo, cuando el lector examina más profundamente el texto, se da cuenta de que estas declaraciones diferentes se hicieron por diferentes razones y sentidos. Por ejemplo, ¿por qué Jesús dijo: “Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero” (Juan 5:31), pero también dijo: “Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero” (Juan 8:14)? ¿Era Jesús un mentiroso, como algunos escépticos insisten? ¿O podría ser que estuviera usando estas palabras en diferentes sentidos? La realidad es que Jesús tenía diferentes propósitos para decir lo que dijo.

En Juan 5, Jesús estaba hablando a un grupo de judíos hostiles acerca de Dios Padre y de su propia igualdad con Él (Juan 5:17-30; cf. 10:30). En este contexto, Él defendió su deidad señalando varios testigos, incluyendo a Juan el Bautista, el Padre en el cielo y las Escrituras (5:33-47).

Cuando Jesús admitió a los judíos que su testimonio no era “verdadero”, no estaba confesando ser un mentiroso. Más bien, Jesús estaba reaccionando a una ley bien conocida de su época. En las leyes griegas, romanas y judías, no se podía aceptar el testimonio de un testigo en su propio caso (Robertson, 1997). “El testimonio de una persona siempre debe ser respaldado por otra” (Morris, 1995, p. 287). La Ley de Moisés establecía: “No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Solo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación” (Deut. 19:15; cf. Mat. 18:15-17). Los fariseos comprendían bien esta ley, como se evidencia en su declaración a Jesús: “Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero” (Juan 8:13). En Juan 5:31, “Jesús señala la imposibilidad de que alguien pueda ser aceptado basándose solamente en su propia palabra… Está afirmando que, si él mismo diera testimonio de sí mismo, eso lo convertiría en falso” en un tribunal de justicia (Morris, p. 287). Si Jesús no tenía más pruebas en un juicio sobre su deidad aparte de su propio testimonio acerca de sí mismo, su testimonio sería inconcluso. Jesús entendía que su audiencia tenía el derecho legal de esperar más pruebas que solo su palabra. De acuerdo con la ley, su propio testimonio sin otros testigos sería considerado inválido (o insuficiente para establecer la verdad).

Pero, ¿por qué Jesús les dijo a los fariseos en otra ocasión que su “testimonio es verdadero” (Juan 8:14)? La diferencia radica en que, en este caso, Jesús estaba enfatizando el hecho de que sus palabras eran verdaderas. Aunque en un tribunal se requieran dos testigos para establecer un hecho (una ley que Jesús enunció unos versículos más tarde en Juan 8:17), esa ley no niega el hecho de que Jesús estaba diciendo la verdad. Jesús declaró que su testimonio era verdadero por la simple razón de que su testimonio revelaba los hechos verdaderos acerca de Él mismo (Lenski, 1961, p. 599). Luego de esta afirmación de verdad, mencionó que había otro testigo: el Padre en el cielo que lo envió a la Tierra (8:16-18). Por lo tanto, en realidad, su testimonio era verdadero en dos sentidos: (1) era verdadero porque era cierto en realidad; y (2) era válido porque era corroborado por un segundo testigo irrefutable: el Padre.

¿Por qué es que en el siglo XXI podemos usar palabras y expresiones de tantas maneras diferentes y tener poco problema para entendernos, pero cuando Jesús o los escritores de la Biblia usaron palabras en diferentes sentidos, tantas personas quieren exclamar “falta de juego limpio”? ¿Podría ser porque los escépticos modernos se niegan a permitir que Jesús y los escritores inspirados tengan la misma libertad para usar palabras y frases en diferentes sentidos? ¿Podría deberse a un prejuicio injusto por parte de los críticos de la Biblia?

Dios Padre (Juan 8:18; 5:37-38), junto con Juan el Bautista (Juan 5:33), los milagros de Jesús (5:36), las Escrituras (5:39) y específicamente los escritos de Moisés (5:46), autenticaron las afirmaciones verdaderas que Jesús hizo sobre su deidad. Lamentablemente, muchos de sus oyentes rechazaron la evidencia entonces, al igual que la gente la rechaza hoy en día.

REFERENCIAS

Lenski, R.C.H. (1961), The Interpretation of St. John’s Gospel (Minneapolis, MN: Augsburg).

Morris, Leon (1995), The Gospel According to John (Grand Rapids, MI: Eerdmans), revised edition.

Robertson, A.T. (1997), Robertson’s Word Pictures in the New Testament (Electronic Database: Biblesoft).

Tomado de: How Could Both Statements Be True? https://apologeticspress.org/how-could-both-statements-be-true-4651/ a través de @apopress


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