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¿Aprobó Dios la mentira de Rahab?

Mientras que muchos pasajes de la Biblia tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento indican que mentir es pecaminoso1, los críticos de la inspiración de la Biblia argumentan que la enseñanza bíblica sobre este tema es contradictoria. El ejemplo más citado con frecuencia gira en torno a la mentira de Rahab en el libro de Josué y dos comentarios separados y favorables acerca de Rahab en el Nuevo Testamento (Heb. 11:31; Stg. 2:25).

Aunque algunos cristianos bienintencionados pueden argumentar de manera creativa que Rahab no mintió en Josué 2, una lectura simple y directa del texto bíblico indica que sí lo hizo. Después de que Rahab escondió a los espías israelitas en su techo entre los manojos de lino (Jos. 2:6), ella les dijo a los mensajeros del rey de Jericó (que estaban persiguiendo a los israelitas) que los hombres en cuestión ya se habían ido, y que ella no sabía exactamente dónde fueron (2:4-5). Sin embargo, (1) los israelitas no se habían ido y (2) ella sabía exactamente dónde estaban. De hecho, después de hablar con los hombres del rey, ella regresó al techo para hablar con ellos y ayudarlos a escapar de manera segura (2:8-21).

Según los críticos de la Biblia, Dios es inconsistente en Su condena hacia la deshonestidad. ¿Cómo pueden ser “labios mentirosos” una “abominación a Jehová” (Pro. 12:22), y al mismo tiempo haber perdonado Dios a Rahab de la destrucción de Jericó (Jos. 2:9-21; 6:22-25)? ¿Cómo puede ser que “todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre” (Apo. 21:8), y, sin embargo, Rahab sea elogiada dos veces por los escritores del Nuevo Testamento?

Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz (Heb. 11:31).

Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? (Stg. 2:25).

¿La Biblia es inconsistente en este tema? ¿Y no prueban estos versículos que mentir está aprobado en algunas situaciones?

Primero, el hecho de que la Biblia elogie a alguien por un acto recto no significa que Dios apruebe todo lo que esa persona haya hecho. Al igual que los esposos y esposas pueden ser fieles entre sí a pesar de sus fallas y que los hijos pueden ser sumisos a sus padres a pesar de haber fallado en numerosas ocasiones en las expectativas de sus padres durante su crecimiento, toda alma responsable tiene el potencial de ser fiel a pesar de sus pecados y sus imperfecciones lamentables.

Tenga en cuenta que Jesús fue la única Persona responsable que jamás pecó2. Aunque Noé, Abraham, Moisés y muchos otros fueron considerados fieles (Heb. 11:7-29), ocasionalmente desobedecieron la voluntad de Dios (Núm. 20:1-12) y actuaron de manera necia o cobarde (cf. Gén. 9:21; 12:12-20; 20:1-18). El apóstol Pedro, quien también sirvió como anciano en la iglesia primitiva (1 Pe. 5:1), en algún momento pecó al dudar de su fe (Mat. 14:31), negar que conocía al Señor (Mat. 26:69-75) y retirarse hipócritamente de los gentiles (Gál. 2:11-14). A pesar de ello, Dios eligió a Pedro para ser predicador del Evangelio y escribir dos de las epístolas del Nuevo Testamento. No fue elegido por sus pecados, sino a pesar de ellos (y porque se arrepintió de sus pecados y buscó andar en la luz en lugar de deambular habitual y de manera rebelde en la oscuridad, cf. 1 Jn. 1:5-10). Cada alma salva es un antiguo cobarde, asesino, blasfemo, adúltero, ladrón o mentiroso, etc. Cada cristiano fiel que anda en la luz es tentado a pecar y a veces (o con mucha más frecuencia de lo que nos gusta admitir) pensamos, decimos o hacemos cosas que no son propias de un seguidor de Cristo. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:8-9). Todos los seguidores fieles de Dios todavía cometen errores, tienen momentos de debilidad y luchan de diversas formas, pero aun así pueden “hacer justicia”, “amar la misericordia”, “andar humildemente” (Miq. 6:8) y “perseverar” fielmente (Apo. 3:10).

Segundo, tenga en cuenta que Rahab era una prostituta cananea. El pueblo de Canaán era (en general) extremadamente impío. Practicaban “costumbres abominables” (Lev. 18:30) y hacían “costumbres corrompidas” (Deut. 18:9, NBV). Intentaban lanzar hechizos a las personas y comunicarse con los muertos (Deut. 18:10-11). “Quemaban a sus hijos e hijas en honor a sus dioses” (Deut. 12:30). Eran tan perversos que Dios dijo que habían contaminado la tierra y que la tierra ya no podía soportarlos, “la tierra vomitó sus moradores” (Lev. 18:25). Esta afirmación resume el nivel de depravación en Canaán (del cual Jericó era parte). Ya sea que Rahab hubiese abrazado por completo la depravación de su cultura o que fuera más bien una víctima de sus circunstancias (como muchas mujeres a lo largo de la historia), la Escritura la describe como una “prostituta” que mintió (Jos. 2:1-8; 6:17, 25). No debería sorprendernos tal pecado en la vida de una mujer cananea. Pero afortunadamente, la vida de Rahab no continuó reflejando su cultura pagana. Ella deseaba cambiar y el Señor le proporcionó una salida, lo cual nos lleva al tercer punto a considerar.

Las palabras y acciones registradas de Rahab en Josué 2 revelan a una mujer en transición, pasando de vivir como una prostituta pagana a abrazar al único Dios verdadero y sus caminos. Considere sus declaraciones a los espías israelitas:

Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojoy lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreosOyendo esto, ha desmayado nuestro corazón… porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra (Jos. 2:9-11).

Entonces, Rahab vinculó su confesada creencia en la existencia de Jehová y sus obras poderosas con acciones (Jos. 2:6-24). Valientemente escondió a los dos espías israelitas del rey de Jericó. Los trató amablemente y los ayudó a escapar de la ciudad. Les dio instrucciones específicas sobre qué hacer después de haber salido de la ciudad (para evitar ser capturados por los hombres del rey). Rahab y su familia guardaron en secreto el plan israelita para destruir Jericó. Y, siguiendo las instrucciones de los espías, Rahab ató la cuerda escarlata en su ventana y reunió a sus padres y otros familiares en su casa para ser rescatados de la destrucción de Jericó. De hecho, como reconoce acertadamente el Nuevo Testamento, Rahab demostró activamente su fe en Jehová (aunque fuera una fe aún poco informada, inexperta e imperfecta).

Cuarto, la deshonestidad de Rahab nunca es avalada en las Escrituras. No se le elogia en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo Testamento por mentir, al igual que no se la elogia por su prostitución. Se le elogia y se le rescata de la destrucción de Jericó debido a su fe y obras en general en ese momento, a pesar de que su fe valiente y recién descubierta (que rápidamente surgía de una cultura pagana) todavía estaba en desarrollo. Sí, mintió a los hombres del rey, pero también (1) confesó creer en Jehová, (2) recurrió a Él en busca de ayuda, (3) mostró amabilidad a los espías israelitas, (4) valientemente los escondió y los ayudó a escapar, etc. No hay una razón lógica o bíblica para negar la mentira de Rahab o para criticar su fe emergente en Dios en general. Si es justo elogiar a una persona que se está recuperando del alcoholismo, la adicción a la pornografía o la codicia y que tiene un tropiezo temporal en un momento de tentación mientras intenta arrepentirse y vivir una vida justa, ¿acaso el Dios misericordioso y bondadoso de la Biblia no podría elogiar justamente a Rahab por su fe y obras en general en su nuevo camino con el Señor?

¿Podemos mentir alguna vez para proteger a otros?

La Escritura revela que todo acerca de Dios es verdadero. Su Espíritu, Hijo, ley, mandamientos, juicios y obras son todos verdaderos, 100% verdaderos3. La simple realidad es que “Diosno puede mentir” (Tit. 1:2). “Es imposible que Dios mienta” (Heb. 6:18). Su naturaleza perfectamente veraz no le permite mentir. Además, en toda la veraz Palabra de Dios se elogia la honestidad, mientras que se condena la deshonestidad4. Entonces, si Dios siempre es veraz y si Su Palabra nos enseña a ser honestos, ¿cómo puede un fiel hijo de Dios creer que tenemos licencia divina para mentir, incluso si se dice una mentira con el propósito de tratar de ayudar a otros? Una persona puede sentir que está haciendo algo bueno, pero no existe autoridad divina para mentir (por cualquier motivo “noble”).

Una lección importante que podemos aprender de Dios es que podemos ser perfectamente honestos y aun así no revelar todo lo que sabemos. Dios es omnisciente (Sal. 139) y obviamente no nos ha contado “todo”. Ni siquiera sabemos todo acerca de los 33 años de vida de Jesús en la Tierra (Juan 21:25). La mayoría de lo que Dios sabe no lo ha compartido con la humanidad, pero las cosas que nos ha revelado honestamente son para nuestro beneficio eterno (Deut. 29:29). Del mismo modo, en cualquier situación en la que nos encontremos, debemos ser veraces, pero no tenemos que decir todo lo que estamos pensando o todo lo que sabemos sobre un asunto en particular. Los padres deben mostrar madurez y sabiduría si su hijo de cinco años les pregunta de dónde vienen los bebés. Los maestros de la Biblia para niños deben mostrar discreción si se les hacen preguntas directas sobre asuntos sensibles y pecaminosos como la pornografía, el adulterio, la homosexualidad, el aborto o incluso la bestialidad (Lev. 18:23). Podemos tener dificultades para abordar de la mejor manera un tema delicado (que puede “meternos en problemas” con diferentes personas), pero no tenemos derecho a mentir. Podemos decirles a los niños que pregunten a sus padres en casa en privado. Podemos hablar en generalidades amplias y verídicas. Podemos hacerles saber a los niños que planeamos hablar con ellos sobre varios asuntos en otra ocasión (es decir, dentro de años). Podemos intentar distraer a quienes nos hacen preguntas y orar para que Dios nos libre providencialmente de la situación incómoda. Cualquiera que sea el curso de acción que tome el cristiano, debe hacerlo (1) honestamente, (2) con sabiduría (Mat. 10:16) y (3) con motivaciones sinceras y amorosas (Mat. 6:1-4; 1 Cor. 13:1-3).

Pero ¿qué sucede si la vida de una persona está en peligro? ¿Y si pudieras salvar una vida mintiendo? Respuesta: Aunque la vida humana es un extremadamente valioso regalo de Dios (Gén. 1:26-27), lo más importante en esta vida no es solamente vivir, sino ser fieles a Dios, sin importar la situación. Jesús podría haber mentido y arreglado las cosas para salvar su propia vida, pero murió (y resucitó) por un propósito superior. Él cumplió sumisamente la voluntad de su Padre. Jesús y sus portavoces inspirados podrían haber instruido a la iglesia primitiva a evitar la persecución y la muerte mintiendo unos por otros o negando su fe en Cristo, pero no lo hicieron. De hecho, a aquellos cristianos del primer siglo que estaban sufriendo (o estaban a punto de enfrentar una gran tribulación), incluso hasta el punto de la muerte, Jesús declaró: “Sé fiel hasta la muerte [incluso hasta el punto de la muerte], y yo te daré la corona de la vida” (Apo. 2:10).

Ya sea un esposo o una esposa, una madre o un padre, una hermana piadosa en Cristo o un pastor espiritual en una iglesia local, en cualquier situación difícil en la que las personas puedan encontrarse, podemos intentar creativamente proteger a nuestras familias, amigos, vecinos e iglesias diciendo y haciendo todo tipo de cosas (incluso manteniéndonos en silencio), pero debemos estar dispuestos incluso a morir antes que pecar contra el santo Dios del cielo. Al igual que Samuel, quien, con la bendición de Dios, solo contó una parte de la razón por la cual viajó a Belén en tiempos tumultuosos (para proteger su propia vida – 1 Sam. 16:1-13), podemos decir solo parte de lo que sabemos sobre un asunto en particular de manera veraz para salvar nuestras vidas o las vidas de otros. Pero debemos tener decidido ser “imitadores de Dios como hijos amados” en todas las cosas, en todo momento (Efe. 5:1). Debemos estar decididos a apartarnos de la mentira (Efe. 4:28) y ser honestos todos los días, todo el día.

La historia de Rahab no debe ser usada como licencia para mentir. En cambio, debemos contar la historia de Rahab para mostrar la grandeza de Jehová sobre los falsos dioses de este mundo e inspirar al pueblo de Dios a realizar actos valientes, similares a los demostrados por una mujer de la ciudad pagana de Jericó hace unos 3.500 años.

Tomado de: Did God Approve of Rahab’s Lie? https://apologeticspress.org/did-god-approve-of-rahabs-lie-5437/.

Referencias

1  Éxodo 20:16; Levítico 19:11; Proverbios 6:16-19; Efesios 4:25; Colosenses 3:9; Apocalipsis 21:8

2 Romanos 3:23; 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 2:22.

3 1 Juan 5:6; Juan 14:6; 2 Samuel 7:28; Salmos 119:14,151; 19:9; Daniel 4:37.

4 Levítico 19:36; Salmos 15:2; Proverbios 16:11; Efesios 4:28.


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